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2.4. Formación continua y metacognición

El listado de las competencias necesarias para un adecuado desempeño laboral es cada día más amplio. Día a día surgen nuevas capacidades de interés para los estudiantes, pero no es posible añadir más carga lectiva a los planes de estudios. Ante esta realidad, es importante que las personas actualicen sus conocimientos y continúen desarrollándose profesionalmente tras finalizar su etapa de formación reglada. Para abordar este problema, varias organizaciones internacionales han señalado la formación continua como una solución eficaz y han identificado los entornos virtuales de aprendizaje como una herramienta idónea para conseguirlo. 

En esta línea, el Ejército de Tierra ha considerado la formación en línea como una solución efectiva para el aprendizaje continuo de sus miembros. Para ello, ha puesto a su disposición diversas herramientas para que continúen su formación en cualquier momento y desde cualquier lugar. Asimismo, aunque desde siempre se ha considerado de vital importancia la transferencia de experiencia del militar veterano al de nueva incorporación, se han aprovechado las nuevas posibilidades de acceso a la información, comunicación e interacción para impulsar la gestión del conocimiento bidireccional y colaborativa implicando a todos los estamentos de la institución para que participen activamente. Según Marquès (2002): “En la sociedad de la información la competitividad de las organizaciones está en función de lo que saben (su conocimiento acumulado), de cómo utilizan lo que saben y de su capacidad para aprender cosas nuevas (crear nuevo conocimiento).” 

Otro concepto clave en este contexto es el aprendizaje informal. En esta modalidad se adquieren conocimientos y habilidades mediante la experiencia diaria en un proceso constante y espontáneo. Es el conocimiento que se obtiene fuera de las estructuras formales de formación, por ejemplo, mientras se lee un artículo en la prensa, se observa cómo cocina un familiar o se solicita ayuda a un compañero para resolver un problema. El aprendizaje informal suele ser espontáneo, pero también puede ser deliberado. Desde la perspectiva individual, implica el desarrollo de capacidades intelectuales para acceder a información digitalmente almacenada, procesarla y utilizarla de forma contextualizada. La mayoría de las organizaciones están dedicando recursos a la formación permanente de su personal, pero es importante destacar la responsabilidad y necesaria implicación de las personas. Internet ofrece infinidad de recursos para aprender informalmente. El problema no es el acceso a la información, sino desarrollar la capacidad crítica para identificar, seleccionar y evaluar la información de calidad, una habilidad estrechamente vinculada a la metacognición. 

La necesidad de aprender permanentemente pone en valor una competencia clave, la metacognición, que es la capacidad del individuo para autorregular su propio proceso de aprendizaje, es decir, planificar qué estrategias utilizar en cada situación, aplicarlas, controlar el proceso y evaluarlo para detectar posibles fallos. Implica ser consciente de cómo se aprende, cómo se piensa y cómo se pueden controlar o modificar los procesos para mejorar el rendimiento. 


Para Pérez y González Galli (2020) la metacognición se articula en torno a dos componentes principales: 

  • Conocimiento metacognitivo: Saber qué estrategias utilizar, cuándo y cómo aplicarlas. Esto implica, por ejemplo, determinar qué momento del día es más propicio para el estudio, calcular el tiempo que se debe dedicar a una tarea, e identificar qué tipos de contenidos se asimilan con mayor o menor facilidad.
  • Regulación metacognitiva: La capacidad para planificar, monitorear y evaluar el propio proceso de aprendizaje. Se manifiesta, entre otras acciones, en la elaboración de un plan para abordar una tarea, la activación de conocimientos previos, la verificación continua de la comprensión lectora y el ajuste de la estrategia cuando el aprendizaje no avanza de manera satisfactoria.

La expresión “aprender a aprender” define a la perfección el concepto de metacognición, una competencia clave en la sociedad actual. Esta habilidad otorga al individuo la responsabilidad sobre su propio aprendizaje, que a menudo ocurre en contextos informales, y subraya la necesidad de trabajar esta competencia en todas las etapas educativas. 

Los centros docentes militares otorgan una atención preferente a la competencia metacognitiva, reconociendo que la capacidad de aprender a aprender constituye un pilar fundamental de la formación profesional. La acelerada evolución tecnológica y la constante renovación de materiales y procedimientos hacen imposible anticipar con exactitud las necesidades formativas futuras, lo que exige un modelo de formación continua sostenido en una responsabilidad compartida; la institución debe articular los marcos, recursos y oportunidades necesarios para el desarrollo permanente de sus miembros, mientras que estos han de asumir un papel activo y comprometido en la gestión de su propio aprendizaje. 

Imagen 2.21. Formación continua y metacognición (SUBDEVA)