El constructivismo —y enfoques afines como el construccionismo— es una corriente de la psicología educativa que sostiene que el aprendizaje no es una simple recepción de información, sino un proceso activo mediante el cual el estudiante construye sus propios conocimientos al interactuar con su entorno y atribuir significado a las experiencias y saberes previos.
Según Bodner (1986), el modelo constructivista se puede resumir en la siguiente frase: "Knowledge is constructed in the mind of the learner", que significa que el conocimiento se construye en la mente del aprendiz. En este proceso, distinto y específico para cada persona, en el que el alumno desempeña un rol activo, tienen un papel relevante la interacción con el medio físico (su entorno) y social.
Javier Onrubia (2005) considera que: “el aprendizaje constructivista, por tanto, no se entiende como una mera traslación del contenido externo a la mente del alumno, sino como un proceso de (re)construcción personal de ese contenido que se realiza en función y a partir de un amplio conjunto de elementos que conforman la estructura cognitiva del aprendiz como son: capacidades cognitivas básicas, conocimiento específico de la materia, estrategias de aprendizaje, capacidades metacognitivas y de autorregulación y factores afectivos, motivaciones y metas”. En línea con las afirmaciones anteriores, Onrubia destaca que aprender implica una reconstrucción personal del conocimiento que depende de factores internos del estudiante, entre los que destacan los aspectos afectivos, la motivación y las metas.
Para el constructivismo, la metacognición ocupa un papel fundamental en el proceso de aprendizaje. Según Flavell (1979), esta es: “La capacidad del individuo de autorregular su propio proceso de aprendizaje, de planificar qué estrategias se han de utilizar en cada situación, aplicarlas, controlar el proceso, evaluarlo para detectar posibles fallos y, como consecuencia, transferir todo ello a una nueva situación de aprendizaje”. La metacognición está directamente relacionada con la idea de aprender a aprender en la que intervienen otros aspectos como la motivación, la autonomía, la gestión del tiempo y la búsqueda de recursos.
En la misma línea, Zapata y Canet (2009) consideran que, desde una perspectiva constructivista: “El incremento de las capacidades individuales se consigue a partir del estudio, la experiencia o de otras actividades cognitivas superiores, lo que comúnmente se conoce como pensar, reflexionar, ordenar y relacionar las ideas y las representaciones mentales”.
Los constructivistas destacan la importancia de las actividades, como el aprendizaje basado en problemas y proyectos, y de los procesos sociales del grupo. Consideran que las actividades deben ser atractivas para el alumno y tienen que enlazar con contextos realistas cercanos a situaciones profesionales futuras.
En la actualidad, el constructivismo es una corriente muy influyente. Su importancia radica en que ha incorporado conceptos no contemplados anteriormente, como la importancia de pensar y razonar, la autorregulación, el diseño de actividades individuales y grupales conectadas con el entorno profesional al que se enfrentará el estudiante y los factores afectivos y motivacionales. Sus autores más relevantes son Bruner, Piaget y Vygotsky.