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2.1.3. El constructivismo

El constructivismo —y enfoques afines como el construccionismo— es una corriente de la psicología educativa que sostiene que el aprendizaje no es una simple recepción de información, sino un proceso activo mediante el cual el estudiante construye sus propios conocimientos al interactuar con su entorno y atribuir significado a las experiencias y saberes previos. 

Según Bodner (1986), el modelo constructivista se puede resumir en la siguiente frase: "Knowledge is constructed in the mind of the learner", que significa que el conocimiento se construye en la mente del aprendiz. En este proceso, distinto y específico para cada persona, en el que el alumno desempeña un rol activo, tienen un papel relevante la interacción con el medio físico (su entorno) y social. 

Javier Onrubia (2005) considera que: “el aprendizaje constructivista, por tanto, no se entiende como una mera traslación del contenido externo a la mente del alumno, sino como un proceso de (re)construcción personal de ese contenido que se realiza en función y a partir de un amplio conjunto de elementos que conforman la estructura cognitiva del aprendiz como son: capacidades cognitivas básicas, conocimiento específico de la materia, estrategias de aprendizaje, capacidades metacognitivas y de autorregulación y factores afectivos, motivaciones y metas”. En línea con las afirmaciones anteriores, Onrubia destaca que aprender implica una reconstrucción personal del conocimiento que depende de factores internos del estudiante, entre los que destacan los aspectos afectivos, la motivación y las metas. 

Para el constructivismo, la metacognición ocupa un papel fundamental en el proceso de aprendizaje. Según Flavell (1979), esta es: “La capacidad del individuo de autorregular su propio proceso de aprendizaje, de planificar qué estrategias se han de utilizar en cada situación, aplicarlas, controlar el proceso, evaluarlo para detectar posibles fallos y, como consecuencia, transferir todo ello a una nueva situación de aprendizaje”. La metacognición está directamente relacionada con la idea de aprender a aprender en la que intervienen otros aspectos como la motivación, la autonomía, la gestión del tiempo y la búsqueda de recursos. 

En la misma línea, Zapata y Canet (2009) consideran que, desde una perspectiva constructivista: “El incremento de las capacidades individuales se consigue a partir del estudio, la experiencia o de otras actividades cognitivas superiores, lo que comúnmente se conoce como pensar, reflexionar, ordenar y relacionar las ideas y las representaciones mentales”. 

Los constructivistas destacan la importancia de las actividades, como el aprendizaje basado en problemas y proyectos, y de los procesos sociales del grupo. Consideran que las actividades deben ser atractivas para el alumno y tienen que enlazar con contextos realistas cercanos a situaciones profesionales futuras. 

En la actualidad, el constructivismo es una corriente muy influyente. Su importancia radica en que ha incorporado conceptos no contemplados anteriormente, como la importancia de pensar y razonar, la autorregulación, el diseño de actividades individuales y grupales conectadas con el entorno profesional al que se enfrentará el estudiante y los factores afectivos y motivacionales. Sus autores más relevantes son Bruner, Piaget y Vygotsky.

Imagen 2.8. Constructivismo (SUBDEVA)

2.1.3.1. Teoría del aprendizaje por descubrimiento

Ausubel distinguió dos modalidades de aprendizaje: el aprendizaje por recepción, en el que los contenidos se presentan al estudiante de manera organizada y en su forma final para ser asimilados, y el aprendizaje por descubrimiento, desarrollado posteriormente por Bruner, en el cual el alumno debe explorar y elaborar el conocimiento de manera autónoma.

Esta teoría parte de la reflexión de que el aprendizaje por recepción no es efectivo en todas las situaciones y propone que el estudiante participe activamente en el proceso formativo. Según Bruner (1984): “En este tipo de aprendizaje se exige a los alumnos una participación mayor. El profesor no expone los contenidos de un modo acabado; su actividad se dirige a mostrar la meta que ha de ser alcanzada y servir de mediador y guía para que los alumnos sean quienes recorran el camino y alcancen los objetivos propuestos”. Bruner sostiene que los estudiantes aprenden de forma más eficaz cuando descubren por sí mismos los conceptos, en lugar de recibirlos ya elaborados.

Bruner considera que el aprendizaje más significativo es el desarrollado mediante el descubrimiento guiado. En este enfoque, el docente o facilitador proporciona a los estudiantes una serie de pistas, preguntas y materiales cuidadosamente diseñados para conducirlos hacia la comprensión de un concepto, sin revelar la respuesta directamente. Esta forma de aprender demanda una participación activa del estudiante, quien debe reordenar, formular hipótesis, integrar y transformar la información disponible para construir su propio conocimiento.

Bruner valora la curiosidad natural del niño y su deseo de comprender. Considera que el aprendizaje es más eficaz cuando el estudiante se siente motivado internamente (motivación intrínseca) y no mediante recompensas externas.

Imagen 2.9. Aprendizaje por descubrimiento (SUBDEVA)

2.1.3.2. Teoría de la zona de desarrollo próximo

La obra de Lev Semiónovich Vygotsky se ha desarrollado sobre la premisa de que los procesos psicológicos superiores, entre ellos el aprendizaje, han evolucionado en el ser humano merced al carácter eminentemente social del hombre. Así pues, el conocimiento también es un producto social.

Las aportaciones constructivistas de Vygotsky consistieron en definir el nivel de desarrollo efectivo como la capacidad del alumno para aprender por sí mismo, sin la ayuda de nadie, y el nivel de desarrollo potencial como la facultad para adquirir nuevos conocimientos con la ayuda de otros. La zona delimitada por estos dos niveles se denomina zona de desarrollo próximo (ZDP), que Vygotsky (1978) definió como: “La distancia entre el nivel real de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver un problema de forma independiente, y el nivel de desarrollo potencial, determinado por la capacidad de resolverlo con ayuda de un adulto o en colaboración con otros compañeros más capaces.” La ZDP es el ámbito en el que debe incidir el docente para conducir al aprendiz hacia un nivel más avanzado.

La relevancia de esta teoría radica en que concibe al docente como mediador, tanto del proceso de aprendizaje como de la interacción entre alumnos con diversos niveles de desempeño, destacando la interacción social que se produce en este intercambio de conocimientos. A esta técnica se le denomina andamiaje y se caracteriza por ser temporal, ajustable, colaborativa y específica.

Con esta teoría se definieron las bases del aprendizaje colaborativo, característica clave de los enfoques constructivistas sociales.

Imagen 2.10. Teoría de la zona de desarrollo próximo (SUBDEVA)

2.1.3.3. El socioconstructivismo

El socioconstructivismo es una corriente del constructivismo que se fundamenta en las teorías de Vygotsky y amplía su enfoque al destacar la importancia de la interacción social en el proceso de aprendizaje. A diferencia de perspectivas puramente individualistas, el socioconstructivismo postula que el conocimiento se construye de manera colaborativa a través de la interacción con otros individuos y el entorno sociocultural. En este sentido, el aprendizaje se concibe como un proceso social donde la negociación de significados, el diálogo y la participación en actividades colectivas son elementos esenciales.

Esta interacción es posible debido a la capacidad innata del individuo para relacionarse. Para Martínez Valcárcel (2004) la perspectiva socioconstructivista defiende que “el aprendizaje y el razonamiento son procesos sociales, que ocurren en contextos sociales y entre los individuos que integran la comunidad, más que en cada uno de ellos mismos como elementos aislados.”

Para los construccionistas sociales, el crecimiento conceptual proviene de la negociación de significados y de compartir múltiples perspectivas. Algunos investigadores como Lave y Wenger (1991) indican que: “El aprendizaje no es un hecho aislado, por el contrario, se trata de una consecuencia accidental de la participación en ese grupo y por consiguiente es importante saber en qué cree ese grupo”. Los procesos de aprendizaje están condicionados por el contexto social y cultural del grupo al que se pertenece, rechazando que el conocimiento sea una percepción directa de la realidad.

Varias de las teorías desarrolladas en el último cuarto del siglo XX se han caracterizado por destacar el diálogo como facilitador del aprendizaje. Una de ellas es la teoría conversacional formulada por Pask (1975), citado en Yousef, García y Ramírez (2004), que expone que: “La conversación que tiene lugar entre tutor y alumno permite la construcción e intercambio de conocimientos entre ambos interlocutores, de tal forma que el alumno reconstruye el significado de un determinado concepto expuesto por el profesor y, a partir de ahí, este ha de averiguar si realmente el alumno lo ha comprendido, utilizando para ello ciertos métodos de evaluación”.

Un aspecto relevante de la teoría de Pask es que, además de la conversación que se establece entre docente y discente, contempla la existencia de un diálogo interno (segunda conversación) en el propio estudiante, denominado reflexión, que resulta fundamental para la construcción del aprendizaje. Esta teoría es frecuentemente citada para fundamentar la importancia pedagógica de los entornos virtuales de aprendizaje.

Imagen 2.11. Socioconstructivismo (SUBDEVA)

2.1.3.4. Aplicaciones del constructivismo en entornos virtuales

Las aplicaciones del constructivismo en entornos virtuales de aprendizaje son las siguientes:

  • Aprendizaje activo: Implicar a los estudiantes de manera directa y participativa en su proceso formativo.
  • Contextos auténticos y relevantes: El aprendizaje es más significativo si se relaciona con situaciones reales o simuladas que tengan sentido para el estudiante. Algunas actividades de este tipo son el estudio de casos y el aprendizaje basado en problemas (ABP). También son importantes los simuladores, ya que permiten interactuar activamente con el contenido y experimentar, conectando la teoría con la práctica.
  • Interacción social: Es necesario fomentar la dinámica social entre docentes y estudiantes y entre estudiantes (pares) para la construcción conjunta del conocimiento, por ejemplo, mediante foros de debate y videoconferencias.
  • Colaboración: Organizar a los estudiantes en grupos para realizar tareas conjuntas, fomentando la negociación, la cooperación y la construcción de conocimiento compartido.
  • Andamiaje digital: El docente actúa como guía o facilitador, proporcionando recursos, orientaciones y feedback progresivo. Este apoyo puede ofrecerse mediante retroalimentación personalizada y tutorías sincrónicas o asincrónicas.
  • ·Metacognición: El entorno debe invitar al estudiante a reflexionar sobre cómo aprende, qué estrategias usa y en qué puede mejorar.