Las pedagogías de la incertidumbre son tendencias formativas propias de un mundo complejo, cambiante e impredecible como el actual, en el que se debe asumir la incertidumbre como parte del proceso de aprendizaje y estar preparados para navegar en la imprevisibilidad y la ambigüedad. Los estudiantes deben aprender a actuar en contextos inciertos.
Estas teorías implican potenciar aspectos como el pensamiento crítico y la reflexión con la finalidad de buscar soluciones creativas e innovadoras. También es muy importante para esta corriente la colaboración con otros estudiantes mediante el intercambio de ideas y la negociación de puntos de vista, así como el desarrollo de la resiliencia para afrontar la frustración y el error.
Algunas actividades propias de estas pedagogías son el aprendizaje basado en proyectos (ABP), el estudio de casos y los juegos de rol, todos ellos basados en casos reales que impliquen tomar decisiones y gestionar la incertidumbre ante las múltiples interpretaciones posibles.
Una de sus principales autoras, la argentina Silvia Vignale, entiende esta teoría, en su artículo “Pedagogía de la incertidumbre” (2009) como: “La filosofía de la sospecha frente a las verdades absolutas”. La autora defiende que el conocimiento es una experiencia en lugar de una verdad absoluta y promueve el desarrollo de la subjetividad a través de la exploración y la interrogación constante.
El filósofo y pedagogo brasileño Paulo Freire no se inscribe directamente en esta corriente; sin embargo, su enfoque comparte muchos puntos fundamentales. Para Freire, el diálogo entre educadores y educandos es fundamental, ya que considera que el aprendizaje se construye a través del intercambio de ideas, la reflexión y la escucha activa. Critica el modelo tradicional en el que el aprendizaje es depositado en los estudiantes y promueve una educación basada en el cuestionamiento y la construcción colectiva del conocimiento. Considera que la educación debe ser horizontal y situar a docentes y estudiantes en un mismo plano.