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6.1. Introducción

La inteligencia artificial (IA) o artificial intelligence (AI) es un campo de la informática que está impulsando una transformación sin precedentes. Sin embargo, la historia de la humanidad ha estado marcada por grandes innovaciones capaces de cambiar el rumbo de la sociedad. En 1440 Gutenberg revolucionó la difusión del conocimiento con la invención de la imprenta, en el siglo XVIII la máquina de vapor se convirtió en el motor de la Revolución Industrial y en el siglo XIX la bombilla eléctrica de Edison y el motor de combustión interna de Otto transformaron la industria y el transporte. Más cerca en el tiempo, concretamente en 1928, Fleming descubrió la penicilina, un hallazgo que ha salvado millones de vidas y a finales del siglo XX la informática, la robótica e Internet revolucionaron prácticamente todos los sectores productivos. Grandes avances que, en cada época, han contribuido decisivamente a transformar el curso de la historia. 

Sin embargo, la IA se distingue de cualquier innovación tecnológica anterior por dos rasgos: la velocidad a la que ha sido adoptada y la magnitud de su impacto. La velocidad de implantación es significativamente más rápida; lo que otras tecnologías han conseguido en décadas la IA lo está logrando en pocos años. En cuanto a su capacidad para transformar el mundo, el impacto de la IA es profundo, creciente y afecta a todos los sectores productivos. Más allá de valoraciones personales a favor o en contra, es innegable que hay un antes y un después de la IA.

IA y formación en entornos virtuales

Respecto a la formación en entornos virtuales la repercusión de la IA es especialmente significativa por múltiples factores, entre los que destacan los siguientes: 

  • Personalización del aprendizaje: Según expone Dron (2018): “La IA permite adaptar el contenido ­ —lo que se aprende—, adaptar el ritmo —cuándo y a qué velocidad se aprende— y el estilo —cómo se aprende—“. Esta capacidad de ajuste personalizado influye positivamente tanto en la experiencia formativa como en el rendimiento académico. 
  • Monitorización: La IA facilita la monitorización de la actividad formativa, poniendo a disposición del docente datos sobre el rendimiento y la evolución del alumnado, lo que redunda en decisiones pedagógicas más informadas y eficaces. 
  • Producción de contenidos: La IA optimiza y acelera la producción de contenidos multimedia que incluyen texto, imagen, gráficos, audio, vídeo y avatares, ampliando las capacidades de los docentes para desarrollar materiales didácticos en menos tiempo. 

No obstante, un análisis riguroso de estos factores desde una perspectiva humanista puede revelar que lo que inicialmente se considera una ventaja, puede no llegar a serlo en la práctica: 

  • Personalización del aprendizaje: Si bien la IA es eficaz para organizar y secuenciar la información, la auténtica personalización del aprendizaje tiene su origen en el docente que es quien comprende la singularidad del estudiante y conecta con él. Las cuestiones relacionadas con la motivación y las emociones no pueden ser resueltas por la tecnología; esa labor le corresponde exclusivamente a un humano. 
  • Monitorización: Es evidente que para analizar datos la IA es muy eficiente y puede ser útil para detectar problemas —o situaciones de riesgo— y realizar una labor predictiva, pero hay que tener en cuenta los sesgos de los modelos y la privacidad de los datos. Además, el aprendizaje va más allá de lo que un sistema puede cuantificar; también es preciso valorar la creatividad, la autonomía y el pensamiento crítico y, una vez más, esto es competencia de un docente. 
  • Producción de contenidos: Respecto a este tema, la cuestión clave es que la IA produce información, pero el docente le otorga significado. Él es el único que posee el criterio necesario para contextualizar el contenido, así como para revisarlo, contrastarlo y validarlo con rigor. La IA genera contenidos generalistas y fundamentados en patrones estadísticos, sin embargo, el docente cuando redacta un texto o diseña un gráfico combina su experiencia con el conocimiento profundo del alumnado —dudas recurrentes e intereses— para dar forma a un material que la IA, por sí misma, no puede replicar. Un buen contenido debe estar diseñado por un humano y, en la actualidad, ningún algoritmo puede emularlo.

Sin embargo, la IA resulta muy potente y eficaz en ámbitos donde su función es puramente técnica y no interpretativa, como en la creación de locuciones o avatares personalizados.

Tutor-IA online

En resumen, la IA aporta valor a los procesos de enseñanza y aprendizaje en función del uso que se haga de ella. Ha surgido una nueva figura, quizá una nueva profesión, que he denominado tutor-IA online. Este equipo conjuga lo mejor de las personas con el uso eficiente de la IA y es una combinación poderosa y prometedora. El humano aporta empatía y conexión personal, mientras que la IA se encarga de la parte técnica. El profesor contribuye con su experiencia, guía y motiva a los estudiantes, y se dedica a la parte interpersonal y emocional. La IA se ocupa de analizar datos, buscar patrones y realizar automáticamente tareas de learning analytics. Las capacidades de la IA en materia de personalización, monitorización y creación de contenidos solo representarán una ventaja real si se someten al filtro del docente, quien debe asumir la responsabilidad de las decisiones finales. Esta distribución de funciones, donde la tecnología y el ser humano potencian sus respectivas capacidades, define la esencia de una auténtica tutoría inteligente. 

La IA no ha llegado para sustituir al tutor online, sino para potenciar sus capacidades, aunque sí puede automatizar determinadas tareas técnicas y administrativas. Durante la visita de Bill Gates a una escuela de Nueva Jersey en 2025, afirmó respecto a los educadores: “Este es el único trabajo que va a sobrevivir a la inteligencia artificial”. Aunque la afirmación pueda parecer exagerada, el hecho de que provenga de una de las figuras más influyentes en la materia refuerza la idea de que la tecnología no logrará reemplazar el criterio y la calidad de un buen docente. Esta perspectiva coincide plenamente con la célebre reflexión de Clarke (2001): “Si un profesor puede ser sustituido por una máquina, merece serlo”.

Imagen generada con ChatGPT (SUBDEVA)

Las inteligencias artificiales múltiples

Una cuestión importante es identificar en qué áreas la IA aporta mayor valor. Para ello, García Pastor (2022), tomando como punto de partida las inteligencias múltiples de Gardner, define las inteligencias artificiales múltiples y las posiciona, en función de su mayor o menor  capacidad, conforme a lo indicado en este gráfico:

Las inteligencias artificiales múltiples (García Pastor, 2022)

Es importante destacar que esta transposición se realiza con fines puramente pedagógicos e ilustrativos; la IA no posee estructuras cognitivas independientes, sino arquitecturas de procesamiento lógico-matemático optimizadas para tareas que emulan dichas dimensiones humanas. 

De la imagen se deduce que la IA es muy eficaz para analizar datos aprovechando las capacidades que están muy desarrolladas como la matemática, verbal y espacial. Sin embargo, sus puntos débiles son sus destrezas intrapersonal  e interpersonal, o sea, las relacionadas con el autoconocimiento, la gestión de emociones propias, la empatía y la comprensión de los demás. Estas habilidades, por su naturaleza propiamente humana, son difícilmente replicables. La IA puede detectar patrones asociados al llanto a partir del tono de voz, pero no puede entender lo que se siente al perder a un ser querido. Además, la IA carece de conciencia lo que le impide reflexionar sobre su propia existencia. La IA puede ayudar en el análisis de datos y a encontrar patrones ocultos o difícilmente identificables para una persona, pero el ser humano se considera irremplazable.

Fases de implementación de la IA

Desde que comencé a trabajar con la IA, para, posteriormente, formar a otros docentes del Ejército de Tierra, he vivido un proceso que he denominado “Fases de implementación de la IA” que es el siguiente: 

  • La primera fase es la de asombro ante las posibilidades de la IA para redactar texto, crear imágenes o responder a preguntas complejas. En la etapa inicial las personas se suelen sorprender de lo que es posible conseguir a partir de una sencilla instrucción de texto.
  • La segunda fase es la de curiosidad. Surge un profundo interés por descifrar los fundamentos de la IA, así como por comprender su funcionamiento, potencialidades y limitaciones.
  • La tercera fase es la de aceptación y uso. En ella, se aborda el uso de diversas aplicaciones para generar texto, imagen, vídeo, avatares, animación, presentaciones, etc. En esta fase la experimentación se orienta hacia un uso concreto, en mi caso, el eLearning, y la IA comienza a integrarse en la práctica docente.
  • La cuarta fase es la de reflexión, en la que, una vez identificadas las innumerables ventajas de la IA, pero también sus limitaciones y errores, se valoran aspectos como la privacidad, los sesgos, los problemas derivados de una excesiva dependencia tecnológica y cuestiones éticas y morales. Es una fase muy personal que admite múltiples interpretaciones, pero la considero necesaria.
  • La quinta y última fase es la de integración, proceso en el que se debe fusionar la experiencia con el potencial de la IA. En la docencia implica tomar decisiones técnicas, pero sobre todo pedagógicas, para maximizar las ventajas y minimizar los inconvenientes. ¿Cómo se debe realizar el diseño instructivo de un curso online con la ayuda de la IA? ¿Qué herramientas se deben utilizar? ¿Cómo se evalúa el aprendizaje? El reto es apasionante y no exento de dificultades y se puede resumir en reflexionar sobre cómo realizar un uso efectivo, eficiente, responsable y ético de la IA en el ámbito formativo.
Fases de implementación de la IA (Mayoral, 2025; diseño Napkin IA)

Uso IA en educación

Antes de avanzar en este capítulo, considero oportuno explicitar mi postura respecto al uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo; fundamentalmente, porque constituye el eje vertebral de este trabajo. La IA cada día se utiliza más, pero el buen o mal uso depende de instituciones, docentes y estudiantes. Las instituciones deben definir el marco normativo y de uso, los docentes adquirir nuevas competencias y los estudiantes utilizarla de forma responsable. La IA facilita la automatización de tareas rutinarias por parte del docente, permitiéndole optimizar su tiempo y centrar sus esfuerzos en la esencia del proceso formativo: la enseñanza y el aprendizaje del alumnado. Es un gran apoyo para elaborar contenidos, actividades e instrumentos de evaluación; también para identificar algunos rasgos del estudiante y ofrecerle respuestas ajustadas a sus necesidades y ritmo, sin embargo, no considero oportuno utilizarla para evaluar. La IA permite que el profesorado sea tremendamente más productivo y es una excelente herramienta de apoyo, pero debe ser considerada un medio y nunca un fin en sí mismo.

 Para el alumnado, resulta fundamental disponer —gracias a la IA— de un soporte permanente para cuestiones técnicas que garantice la continuidad de su aprendizaje. Sin embargo, también requieren que las respuestas se formulen desde la empatía, el afecto y la motivación. Más allá de solventar problemas y dudas, los estudiantes necesitan sentirse acompañados, comprendidos y valorados por su TOL; una dimensión humana que la tecnología, hasta el momento, no ha logrado replicar. Si bien el tutor online ha sido hasta ahora el pilar de un eLearning de calidad, su figura será aún más trascendente en el futuro. Este escenario no se define por los bits, sino por las personas y las emociones: en la era de la inteligencia artificial las claves son el factor humano y los valores.

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