Desde hace unos años imparto la asignatura “Diseño instructivo para la formación online”. El objetivo de esta materia es que los docentes militares adquieran las competencias necesarias para trasladar sus asignaturas de un entorno presencial a otro online. La primera actividad de la asignatura es un debate en el que, colaborativamente, se analizan las ventajas e inconvenientes del eLearning con el objetivo de potenciar sus fortalezas y minimizar sus debilidades mediante el diseño instruccional de la acción formativa. En todos los cursos, el principal problema que se plantea es la desmotivación provocada por la sensación de aislamiento. La buena noticia es que este problema tiene solución; no es sencillo, pero puede solucionarse.
Si se observa la evolución de las teorías de aprendizaje y de los sistemas gestores de aprendizaje, se evidencia una tendencia hacia la construcción de comunidades de aprendizaje en las que la interacción, el debate y la colaboración entre docentes y discentes constituyen el eje central del proceso educativo. Los contenidos, las actividades y los instrumentos de evaluación son importantes, así como las aportaciones de la IA en la actualidad, pero el elemento determinante para la construcción colectiva del conocimiento es el factor humano. Un tutor online (TOL) implicado y empático que dinamiza la acción formativa, junto con unos compañeros que comparten sus dudas, inquietudes y soluciones a los problemas planteados en las actividades, son el mejor recurso para motivar y eludir la sensación de aislamiento. La IA proporciona soporte técnico ininterrumpido (24/7) en tiempo real garantizando la continuidad del aprendizaje y asegurando una experiencia de aprendizaje fluida. No obstante, su alcance es limitado ya que carece de la capacidad para gestionar las habilidades socioemocionales y las relaciones interpersonales esenciales en cualquier proceso formativo. Eso lo puede hacer únicamente un humano. Por ese motivo, se considera que el factor humano es el eje central para un eLearning de calidad y el tutor online la figura clave del proceso.
Pero es preciso reconocer que para aprender online no siempre es necesario un TOL. En 2003, antes de la primera misión internacional del Ejército de Tierra en Irak, se consideró necesario que todos los miembros del contingente que iban a desplegarse en la zona de operaciones estuvieran capacitados en protocolos de primeros auxilios en entornos desérticos, principalmente en todo lo relativo a las contingencias asociadas al clima extremo y la fauna. Para ello, se elaboró un curso en formato SCORM con varias unidades didácticas; al final de cada unidad había un test que, una vez superado, permitía avanzar en el contenido hasta su finalización. El curso fue realizado simultáneamente por 1.500 militares y no estaba tutorizado —hubiera sido mejor, pero no era posible—. La cuestión clave en este caso es tener clara la diferencia entre informar y formar. Informar es un proceso unidireccional en el que el receptor adquiere nuevos conocimientos. Formar es un proceso más profundo que implica aplicar estos conocimientos y modificar el comportamiento y las actitudes de las personas (competencias). Cuando se informa, el estudiante desempeña un rol pasivo y el aprendizaje suele ser más efímero. Sin embargo, la formación implica práctica, reflexión y que un docente compruebe y valide que las competencias objeto de la acción formativa han sido adquiridas por el estudiante. En el caso de la acción formativa de primeros auxilios en el desierto, los participantes recibían un certificado que acreditaba que habían finalizado la acción formativa, pero no se consideraba un curso que debía ser anotado en su expediente militar.
En cuanto a la calidad de eLearning actual, tanto en el ámbito militar como en el civil, se aprecian avances significativos respecto a los cursos impartidos hace unos años, pero todavía admiten un amplio margen de mejora. En lo que respecta a los contenidos, continua siendo frecuente el abuso de documentos en formato PDF, de presentaciones y de vídeos de larga duración, recursos que reducen el aprendizaje a consumo pasivo de información y limitan su eficacia. Cambiar el soporte no es suficiente; la solución es un diseño específico que tenga en cuenta como aprenden las personas en un contexto digital. Otra deficiencia frecuente es la ausencia de aprendizaje activo. Limitarse a leer contenidos y responder cuestionarios no es suficiente para adquirir competencias, sobre todo, las de naturaleza procedimental o actitudinal, cuya adquisición exige actividades que impliquen reflexión, toma de decisiones y aplicación práctica en contextos realistas. Respecto a la evaluación, los test pueden servir para evaluar conocimientos, pero tienen dificultades para evaluar competencias complejas.
El conjunto de estas carencias, junto con la ausencia del factor humano, explica que los resultados del eLearning no alcancen con frecuencia el nivel de calidad deseable. La parte positiva es que no se trata de un problema sin solución: existe conocimiento suficiente sobre cómo diseñar e implementar formación online de calidad.