Con el nacimiento de Internet y de la World Wide Web (WWW) se desarrolló la Web 1.0, comúnmente conocida como web estática o web de solo lectura. Se caracterizaba porque las páginas web eran documentos HTML estáticos con los que la interacción del usuario era muy limitada, ya que se restringía a pulsar sobre los hiperenlaces para navegar por el contenido. La información fluía de forma unidireccional del sitio web visitado a los usuarios, que eran consumidores pasivos. Hoy se puede considerar una web primitiva, pero sentó las bases del acceso global a la información y el comienzo de la era digital.
En esta misma época surgieron los sistemas gestores de aprendizaje (SGA) también conocidos como Learning Management Systems (LMS) que permitieron trasladar la web 1.0 al ámbito educativo, siendo el origen del eLearning 1.0 o eLearning tradicional. De la misma manera que la web 1.0 era de solo lectura, el eLearning 1.0 fue una extensión de sus capacidades y se caracterizó por la digitalización de los materiales didácticos.
Los cursos se basaban en contenidos estáticos y consistían en documentos HTML, PDF y presentaciones por los que el estudiante navegaba de forma lineal. La comunicación docente-estudiante era escasa y se limitaba a consultas mediante correo electrónico o el chat del SGA. Además, la interacción con otros estudiantes estaba restringida a foros muy rudimentarios. El alumno era un mero receptor de la información y desempeñaba un rol pasivo.
En todo caso, el eLearning 1.0 supuso un importante avance, ya que permitió que la formación fuera más universal, flexible y accesible. Se derribaron las barreras geográficas y los conceptos anywhere y anytime definieron la nueva formación. Para acceder a un curso solamente era necesario un ordenador con conexión a Internet.
Otra gran ventaja fue la facilidad para actualizar el contenido. Era tan sencillo como editar el documento HTML o PDF y subirlo de nuevo al sistema gestor de aprendizaje, solucionando el problema de los CD-i.
En este periodo, la labor del docente se centró en realizar el diseño instruccional de la acción formativa, crear los contenidos y administrar el SGA. Los profesores tuvieron que esforzarse en adquirir nuevas competencias digitales, como crear contenidos y gestionar un SGA con el rol de docente. En este periodo, la tutorización de los cursos era limitada o, en muchos casos, inexistente. Los estudiantes tuvieron que adaptarse a un entorno digital de aprendizaje, asumiendo progresivamente un mayor protagonismo en la autorregulación de su propio proceso formativo.
El principal inconveniente de este enfoque de la formación online era la sensación de aislamiento experimentada por el estudiante. La experiencia demostró que este modelo no producía los resultados esperados, por lo que terminó considerándose poco eficaz.