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4.2. Competencias del tutor online

Con el fin de asegurar la eficacia en la tutoría online, el docente debe reunir capacidades de diversa índole, por tanto, resulta necesario acotar con exactitud estas competencias que, según para Seoane (2014) se clasifican en:

4.2.1. Competencia científico-disciplinar:

El TOL debe dominar la materia que imparte. Este conocimiento le dota de autoridad, genera confianza en el grupo y le capacita para conectar la teoría y la práctica. También es importante esta competencia para resolver las dudas que se pueden plantear en el curso, aportar material complementario de calidad, plantear una evaluación realista y ofrecer una retroalimentación constructiva. 

Para enriquecer la acción formativa, el docente puede respaldarse en la figura del experto en la materia quien, aun sin contar con una amplia competencia didáctica, aporta una valiosa experiencia profesional de gran interés para el alumnado.

4.2.2. Competencia tecnológica

El entorno en el que opera un tutor online es eminentemente tecnológico, lo que requiere un dominio fluido de las aplicaciones para integrarlas con criterio pedagógico. En este sentido, debe gestionar el sistema gestor de aprendizaje con el rol de docente, estructurando el curso y configurando tanto las herramientas de comunicación síncrona —videoconferencia y aplicaciones de trabajo en grupo— como asíncronas —foros de debate—. Asimismo, en determinadas ocasiones, será preciso que asuma el diseño de los contenidos digitales con herramientas de autor. 

En los últimos años, la competencia pedagógica de los docentes del ET ha experimentado una notable evolución. Este avance se vio acelerado por la crisis sanitaria del COVID-19 y por el impacto del proyecto Gnoss. Esta iniciativa, dirigida por el Ministerio de Defensa para la transformación digital de la enseñanza militar, ha establecido como uno de sus pilares fundamentales la capacitación de los docentes militares en competencias digitales básica y avanzada.

4.2.3. Competencia didáctica

El TOL debe poseer los conocimientos necesarios para diseñar la estrategia que permita a los estudiantes alcanzar las competencias previstas en el curso. Cada acción formativa requiere un análisis propio para definir los métodos y técnicas más adecuados en función de la materia, el perfil del alumnado, los recursos disponibles y la modalidad de enseñanza —presencial, híbrida o en línea—. Mientras que un entorno presencial admite cierto grado de improvisación, en un curso online todo debe estar meticulosamente planificado, manteniendo la flexibilidad suficiente para dar respuesta a las vicisitudes que surjan durante su desarrollo. 

En las Fuerzas Armadas, todos los docentes deben realizar el curso de aptitud pedagógica que imparte la Escuela Militar de Ciencias de la Educación (EMCE). Este curso está orientado a la formación presencial, por tanto, el trabajo de la ACLOG es realizar la transición, nada sencilla, de un entorno presencial a otro online.

4.2.4. Competencia comunicativa

Por lo general, un buen docente siempre es un buen comunicador; sin embargo, transferir esta competencia a un entorno virtual es notablemente más complejo. El principal problema es que la dependencia del texto escrito anula los componentes de la comunicación no verbal, los cuales, según Albert Mehrabian, en contextos muy específicos de comunicación emocional, representan el 55 % de la carga informativa de un mensaje. En estas condiciones, es complicado garantizar que todos los miembros del grupo interpreten con precisión la verdadera intención del TOL, elevando la probabilidad de dobles interpretaciones y dificultando la conexión con el alumnado mediante un tono empático y motivador. 

La práctica evidencia que la mayoría de los conflictos en los cursos online tienen en su origen una deficiente comunicación escrita; de ahí la recomendación de revisar los mensajes con atención antes de enviarlos. Aunque el uso de emoticonos genera reticencias en contextos académicos, sobre todo militares, este autor defiende su empleo —siempre bajo un criterio de moderación— porque constituyen un valioso recurso para matizar el tono de la comunicación.

4.2.5. Capacidad de liderazgo y gestión de la interacción

En la asignatura de liderazgo de un curso militar me enseñaron  la diferencia entre poder y autoridad.

  • Poder: Del latín “potestas”, está ligado al cargo y es otorgado por la organización. La Escuela de Guerra del Ejército (EGE) lo define como: “La legítima capacidad de obligar a alguien para que haga lo que desea debido a su posición”. Esta relación establece una jerarquía entre jefes y subordinados que, en el caso que nos ocupa, sería entre docentes y discentes, y es una relación arriba-abajo.
  • Autoridad: Del latín “auctoritas”, la conceden las personas y se gana día a día. Para la EGE es: “La habilidad para conseguir que los demás hagan voluntariamente lo que desea debido a su influencia personal y credibilidad.” Clasifica en líderes y seguidores, y es una relación abajo-arriba.

El liderazgo se basa más en la influencia y la confianza que en el poder que dispensa el rol de docente. Un TOL que lidera consigue que el alumnado se implique no por obligación, sino por convencimiento. La confianza, al igual que la auctoritas, se logra con la competencia profesional, la integridad y la ejemplaridad del formador y, para ello, es muy importante una comunicación cercana y constante. 

El liderazgo educativo actúa sobre elementos intangibles como la motivación, el compromiso, la empatía y el sentido de pertenencia. Un buen líder online adapta su estilo a las características y necesidades del alumnado, ofreciendo más guía o más autonomía según la situación. Además, debe equilibrar razón y emoción, dominando tanto los contenidos como las habilidades humanas. En un curso online la autoridad moral y la credibilidad tienen más impacto que el control o las normas. 

El liderazgo eficaz también fomenta la interacción y la creación de una comunidad de aprendizaje cohesionada y unida. La presencia activa del docente reduce el aislamiento y favorece la participación de los estudiantes. En formación online, liderar significa acompañar, orientar y generar confianza. El poder es otorgado, pero el liderazgo se conquista día a día.

4.2.6. Competencia evaluadora y de gestión de la calidad

La evaluación que debe realizar el TOL tiene una doble vertiente. Por un lado, determinar el grado de consecución de las competencias por parte de los estudiantes y, por otro, evaluar la acción formativa en sí misma. Esta es una tarea compleja en la que se debe analizar la metodología, los contenidos, las actividades, los instrumentos de evaluación y la acción tutorial, así como todas las fases del diseño instruccional —análisis, diseño, desarrollo, implementación y evaluación—. 

En el Ejército de Tierra, para evaluar las acciones formativas, tanto presenciales como online, se dispone de una aplicación informática denominada SEVEN —sistema de evaluación de la enseñanza— en la que se tienen en cuenta los resultados obtenidos por los estudiantes, pero también las instalaciones, los recursos materiales y humanos disponibles, así como la opinión de gestores, docentes y alumnado que se recogen mediante encuestas. El resultado de la evaluación es un plan de mejoras para sucesivas ediciones de los cursos. 

La calidad de una acción formativa online depende de muchos factores y actores, la mayoría mencionados en los párrafos anteriores, pero el elemento más determinante es el factor humano cuyo elemento clave es el tutor online. Es la figura profesional con capacidad para reconducir la situación si un curso se complica y para adaptar la enseñanza a las necesidades e intereses de cada estudiante —personalizar la enseñanza—. La información admite el autoaprendizaje, pero la formación en competencias de calidad implica la presencia de un tutor online.

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