El color es una percepción visual generada por la interacción de la luz con los objetos, captada por los ojos y procesada en el cerebro. No es una propiedad de los objetos, sino el resultado de la luz reflejada por la materia y procesada por el sistema visual.
De la misma forma que sucede con la tipografía, el color en un contenido didáctico no solo es importante por razones estéticas, sino por su aportación cognitiva, estructural y emocional, y su influencia para la comprensión de los contenidos.
La Teoría del Aprendizaje Multimedia de Richard Mayer (2020) indica que las personas procesan la información de manera más efectiva cuando se presenta mediante una combinación de palabras e imágenes, en lugar de utilizar únicamente texto. Bajo esta premisa, Mayer definió una serie de principios para optimizar la creación de materiales educativos que integran diversos formatos como texto, audio, video e imagen. Entre ellos, destaca el principio de señalización, el cual sostiene que el aprendizaje se potencia cuando se resaltan explícitamente los elementos clave del contenido. En estrecha relación con este principio, el uso estratégico del color se vuelve fundamental, ya que, según el autor "mediante el color es posible establecer jerarquías visuales que permiten organizar la información y captar la atención del estudiante". Por tanto, el color deja de ser un elemento meramente ornamental para convertirse en una herramienta pedagógica que reduce la carga cognitiva, guiando la vista hacia los conceptos clave de forma intuitiva y eficaz.
Antes de profundizar en el uso pedagógico del color, es preciso abordar los siguientes conceptos fundamentales: