Desde que en 1998 se diseñara el primer CD interactivo multimedia en el Ejército de Tierra (ET), la tecnología educativa y las telecomunicaciones han experimentado una transformación sin precedentes. Hitos como la enseñanza asistida por ordenador, el CD-ROM interactivo, la multimedia, Internet, los sistemas gestores de aprendizaje y los ecosistemas digitales de formación han definido una trayectoria que, en la actualidad, culmina con la inteligencia artificial. Un recorrido de innovación constante, marcado por una velocidad de cambio difícilmente imaginable en sus inicios.
En el ámbito educativo, el objetivo de estas innovaciones ha sido transformar la educación para que responda mejor a las necesidades de las personas y de la sociedad, preparando ciudadanos capaces de adaptarse a un mundo en permanente cambio y, en mayor o menor medida, todas ellas lo han conseguido.
En un plano histórico más amplio, los orígenes de la enseñanza a distancia se remontan a 1728 cuando Caleb Phillips publicó un anuncio en la Gazette de Boston ofreciendo un curso de taquigrafía por correspondencia, que se considera la primera evidencia documentada de esta modalidad formativa. Progresivamente, la oferta se amplió y diversificó. Aparecieron centros dedicados a la enseñanza de idiomas y se comenzaron a aprovechar las posibilidades de los medios de comunicación de masas —la radio, la televisión y los soportes magnéticos de audio y vídeo— como vehículos de transmisión del conocimiento, sentando así las bases de lo que posteriormente se denominaría formación multimedia.
En la actualidad, la formación en línea, también conocida como formación online o eLearning, ha supuesto una transformación radical en la forma en la que las personas enseñan y aprenden. Entre sus contribuciones más destacadas figuran la democratización del acceso al conocimiento, la eliminación de barreras geográficas y la apertura de nuevas oportunidades formativas, de modo que personas de cualquier condición socioeconómica pueden aprender en cualquier momento y desde cualquier lugar.
Por otro lado, las instituciones académicas han llegado a la conclusión de que durante los periodos de formación reglada no es posible enseñar todo lo que los estudiantes necesitan saber para desenvolverse en una sociedad que evoluciona muy deprisa. Por ello, el aprendizaje ha dejado de concebirse como una etapa acotada en el tiempo para convertirse en un proceso continuo que se prolonga a lo largo de toda la vida del individuo. En este escenario, el eLearning se ha convertido en una poderosa herramienta para la formación continua.
Una cuestión importante es que no siempre la formación presencial es la mejor solución. En ocasiones, la asincronía propia de la formación en línea permite una reflexión profunda, contrastar fuentes y adaptar el ritmo de aprendizaje, lo que conduce a un aprendizaje significativo y duradero, pero esta afirmación implica cambiar la mentalidad de instituciones, docentes y estudiantes. El eLearning no debe ser la modalidad formativa elegida cuando una persona no se puede formar presencialmente; tampoco por el ahorro de costes —dietas y desplazamientos—que implica. La formación online permite desarrollar conocimientos, habilidades y destrezas de forma efectiva y, en determinados contextos, supera a la formación presencial en eficacia pedagógica. Esta capacidad la convierte en un pilar fundamental de los sistemas educativos contemporáneos y en una respuesta idónea a las demandas formativas de la sociedad del siglo XXI.
Pero no todo se puede enseñar online. Hay competencias, o parte de ellas, y actividades que precisan la observación directa del docente para ser evaluadas con rigor. No toda la formación puede ni debe digitalizarse. Resistirse sistemáticamente a la formación online es un error, y virtualizar sin sentido, otro error. Un curso de inteligencia artificial se puede impartir íntegramente en línea, pero las destrezas prácticas de un curso de primeros auxilios requieren presencia física para su adquisición y evaluación. Por este motivo, en el Ejército de Tierra se ha optado por la modalidad más recomendable por su eficacia que es la formación mixta, híbrida o blended learning en la que se combinan las fortalezas de la enseñanza presencial y online.
El problema radica en que no siempre es posible la formación híbrida y, en muchas ocasiones, debe ser 100% en línea. En este caso, la propuesta es asumir las limitaciones del eLearning para desarrollar algunas competencias y, con sinceridad, informar a los estudiantes. La experiencia acumulada en el ET indica que, habitualmente, prefieren asumir que no adquieren una competencia en su plenitud a no formarse.
Toda evolución o innovación educativa se debe sustentar en la calidad entendida como el grado en el que el entorno cumple eficazmente con los objetivos de enseñanza y aprendizaje, garantizando una experiencia formativa adecuada, accesible y significativa para los estudiantes. Hay documentadas iniciativas en las que virtualizar la formación no ha dado buenos resultados.
En el ET, desde que se creó en 2002 la entonces denominada Subdirección de Enseñanza a Distancia — ahora Subdirección de Entornos Virtuales de Aprendizaje—, integrada en la Academia de Logística de Calatayud (Zaragoza), se ha consolidado una apuesta firme por un eLearning de calidad. Para conseguir este objetivo es necesario considerar cada eslabón de la cadena formativa. Hay que disponer de un diseño instruccional coherente con los objetivos, contenidos bien estructurados y actividades realistas que aseguren la adquisición de las competencias. Así mismo, es clave una evaluación 360º del curso que identifique las debilidades y facilite un plan de mejoras para futuras ediciones.
Sin perjuicio de la relevancia de los factores anteriores, para garantizar la calidad la formación online en el ET se articula sobre los siguientes ejes fundamentales:
- El factor humano. La tecnología ofrece múltiples herramientas para facilitar el aprendizaje, comunicarse e interactuar, pero lo importante es poner en el centro a las personas y su formación integral. La figura del tutor online (TOL), concepto más amplio que docente, es la figura clave para garantizar la calidad.
- El programa formativo para docentes. La capacitación de los docentes de los Centros Docentes Militares (CDM) para que desarrollen sus cometidos en entornos virtuales de aprendizaje, se considera estratégica. Para ello, se han diseñado los cursos que se describen en este documento.
- La formación en valores. Además de conocimientos, habilidades y destrezas, para la formación de un militar son muy importantes los principios éticos y morales que deben guiar su conducta. En una primera aproximación, puede parecer que la formación en valores es más propia de un entorno presencial, pero tras analizar las posibilidades del eLearning se determinó que valores como el compañerismo, la disciplina, la ejemplaridad, el espíritu de servicio, el honor y la lealtad, a pesar de las particularidades y desafíos inherentes a un EVA, pueden ser efectivamente abordados en acciones formativas online.
El propósito de este trabajo es poner a disposición de la comunidad educativa la experiencia en formación online acumulada por el ET durante 25 años, permitiendo un análisis crítico las decisiones adoptadas. Se comparten los modelos pedagógico, tecnológico y organizativo, así como múltiples recomendaciones dirigidas a diseñadores instruccionales, creadores de contenido y tutores online, con el fin de que valoren su pertinencia y la posible integración en su ejercicio profesional. En otras palabras, compartir con la sociedad aquello que se considera relevante con la finalidad de ser útiles.